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El descalce financiero causado por el financiamiento a corto plazo como originador más común de insolvencias empresariales: Riesgos y alternativas de solución

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Gerardo Guzmán Espino

Abogado especialista en Derecho Concursal y Reestructuraciones Empresariales

  1. Introducción

En el análisis tradicional del Derecho de Insolvencias, suele asumirse que las empresas caen en insolvencia (y quiebran) principalmente por la pérdida de rentabilidad, la disminución de ventas o el deterioro de su modelo de negocio. Sin embargo, la práctica empresarial y la evidencia empírica (al menor en Perú) sugieren que esta visión resulta incompleta.

En el contexto peruano, un número significativo de insolvencias no tiene como causa directa el fracaso comercial de la empresa, sino una deficiente estructuración de su financiamiento. En particular, el uso intensivo de financiamiento de corto plazo para sostener operaciones o inversiones de largo plazo genera una presión constante sobre la liquidez que puede conducir rápidamente a situaciones de incumplimiento generalizado.

En este sentido, resulta especialmente ilustrativa la afirmación realizada a fines de 2025 por Eduardo Torres-Llosa[1] —ex funcionario del Banco Central de Reserva— quien ha señalado que “las empresas no quiebran por vender menos, sino por crecer mal”. Según indica, diversos estudios econométricos muestran que una caída en ventas explicaría apenas el 6% de las quiebras, mientras que aproximadamente un 25% de estas se originan en la utilización de financiamiento de corto plazo para financiar sus actividades, originando esta situación un descalce de plazos entre activos y pasivos.

A partir de esta premisa, el presente artículo propone analizar los riesgos asociados al financiamiento de corto plazo como una de las principales causas estructurales de la insolvencia empresarial en el Perú, contraponiéndolos con las ventajas y limitaciones del financiamiento a mediano o largo plazo, con el objetivo de plantear una aproximación más preventiva dentro del Derecho de Insolvencias y Reestructuraciones Empresariales.

  1. La estructura de financiamiento como factor determinante de la insolvencia

La insolvencia empresarial, desde una perspectiva financiera, se configura cuando una empresa es incapaz de cumplir oportunamente con sus obligaciones exigibles, lo cual está estrechamente vinculado a la disponibilidad de liquidez. En efecto, el riesgo de insolvencia se relaciona directamente con la incapacidad de generar o disponer de efectivo suficiente para atender los compromisos asumidos.

Sin embargo, este problema de liquidez no siempre responde a una falta de generación de ingresos, sino a un desajuste entre los flujos de caja esperados y las exigencias de pago. Es precisamente en este punto donde la estructura de financiamiento adquiere un papel central.

En términos simples, el problema surge cuando una empresa financia activos de largo plazo (no corriente) —como inversiones en infraestructura, maquinaria o expansión operativa— mediante pasivos exigibles en el corto plazo. Esta práctica, conocida como descalce financiero o “maturity mismatch”, genera una situación en la que los recursos necesarios para pagar la deuda no están disponibles en el momento en que esta vence.

En el caso peruano, esta problemática se ve exacerbada por la estructura empresarial, en el cual las micro y pequeñas empresas —que representan la gran mayoría del universo— dependen en gran medida de financiamiento de corto plazo, muchas veces con tasas elevadas y condiciones poco flexibles. Esta situación incrementa su vulnerabilidad frente a cualquier alteración en el flujo de ingresos.

En consecuencia, la insolvencia no debe ser entendida únicamente como un fenómeno derivado de la falta de rentabilidad, sino como una consecuencia, en muchos casos, de decisiones de financiamiento inadecuadas.

  1. Los riesgos del financiamiento a corto plazo: una aproximación crítica

El financiamiento de corto plazo presenta ciertas ventajas operativas, como mayor accesibilidad y menores costos iniciales; sin embargo, su uso estructural para financiar operaciones o inversiones de largo plazo implica una serie de riesgos significativos que pueden acelerar la insolvencia empresarial.

En primer lugar, destaca el riesgo de refinanciamiento, que consiste en la necesidad constante de renovar o sustituir las obligaciones de corto plazo. En contextos de restricción crediticia o deterioro del perfil financiero de la empresa, esta renovación puede volverse imposible, desencadenando una crisis inmediata de liquidez.

En segundo lugar, el financiamiento de corto plazo genera un estrangulamiento financiero, en la medida en que obliga a la empresa a destinar una proporción significativa de sus flujos de caja al pago de obligaciones inmediatas, reduciendo su capacidad de operar y crecer de manera sostenible.

En tercer término, dicho esquema de financiamiento tiende a acelerar los procesos de insolvencia, ya que el incumplimiento de obligaciones de corto plazo activa mecanismos contractuales como intereses moratorios, vencimiento anticipado de deudas y ejecuciones individuales, generando un efecto dominó que afecta la totalidad de la estructura financiera de la empresa.

Finalmente, el uso intensivo de deuda de corto plazo incrementa la exposición a shocks externos, tales como variaciones en las tasas de interés, cambios en las condiciones del mercado o interrupciones en la cadena de pagos, lo que puede comprometer rápidamente la continuidad del negocio.

Desde una perspectiva jurídica, estos riesgos evidencian que el financiamiento de corto plazo no solo sea una herramienta financiera, sino también un factor que incide directamente en la configuración del estado de insolvencia.

  1. El financiamiento a largo plazo: ventajas, límites y condiciones

Frente a los riesgos antes descritos, el financiamiento de largo (o mediano) plazo se presenta, en principio, como una alternativa más sostenible, en la medida en que permite alinear los plazos de pago de las obligaciones con la generación de flujos de caja derivados de las inversiones realizadas.

Esto último es fundamental: La capacidad de endeudarse tiene que estar directamente ligada con la generación de flujos, para que no exista un “descalce financiero”; es decir, si nos endeudamos sin mirar nuestra capacidad de generar ingresos (fijándonos solo en la frase “no quiero estar endeudado toda la vida con el Banco”), entonces nos exponemos a un riesgo considerable de insolvencia.

Entre las principales ventajas del financiamiento a largo plazo se encuentran la estabilidad financiera, al reducir la presión inmediata sobre la liquidez; la predictibilidad, que facilita la planificación financiera; y la reducción del riesgo de refinanciamiento, al eliminar la necesidad de renegociaciones constantes. Tengamos en cuenta que, las entidades financieras normalmente prefieren prestar a largo plazo, e, inclusive, cuando el plazo de financiamiento es mayor, la tasa de interés también se reduce.

No obstante, el financiamiento de largo plazo también presenta ciertas limitaciones. En primer lugar, suele implicar mayores costos financieros, especialmente para empresas con perfiles de riesgo elevados. En segundo lugar, exige mayores niveles de formalización, información financiera y garantías, lo que limita su acceso para una parte importante del sector empresarial peruano.

Asimismo, puede generar problemas de rigidez financiera, en la medida en que las condiciones del crédito no siempre permiten adaptarse con flexibilidad a cambios en el entorno económico.

En este sentido, es importante reconocer que el financiamiento de largo plazo no constituye una solución absoluta, sino que debe ser entendido como parte de una estructura equilibrada de financiamiento, que considere las características específicas del negocio.

  1. El crecimiento mal financiado como detonante de la crisis empresarial

Uno de los aspectos más relevantes en el análisis de la insolvencia empresarial es la relación entre crecimiento y financiamiento. Contrario a la intuición general, el crecimiento de una empresa no siempre reduce el riesgo de insolvencia; por el contrario, puede incrementarlo cuando no se encuentra adecuadamente financiado.

En particular, el crecimiento suele implicar mayores necesidades de capital de trabajo, tales como incremento de inventarios, ampliación de cuentas por cobrar y mayores costos operativos. Si estas necesidades son financiadas mediante deuda de corto plazo, se genera una presión creciente sobre la liquidez que puede volverse insostenible.

Este fenómeno explica por qué empresas aparentemente exitosas —con altos niveles de ventas— pueden enfrentar crisis de liquidez severas que derivan en insolvencia. En estos casos, el problema no radica en la falta de demanda, sino en la incapacidad de sostener financieramente el crecimiento.

Así, el descalce financiero se convierte en un factor crítico que transforma el crecimiento en un riesgo, en lugar de una oportunidad.

  1. Implicancias para el Derecho de Insolvencias y Reestructuraciones peruano

El análisis desarrollado plantea importantes implicancias para el Derecho de Insolvencias y Reestructuraciones en el Perú. En primer lugar, evidencia que el sistema actual continúa siendo predominantemente reactivo, en la medida en que interviene cuando la insolvencia ya se ha materializado, sin atender adecuadamente sus causas estructurales.

En segundo lugar, pone de relieve la necesidad de incorporar una perspectiva preventiva que considere la estructura de financiamiento como un elemento relevante en la evaluación del riesgo empresarial.

En este sentido, podrían plantearse diversas líneas de desarrollo normativo, tales como:

  • La incorporación de obligaciones de monitoreo y reporte de la estructura de deuda por parte de las empresas.
  • El fortalecimiento de los deberes de diligencia de administradores en relación con la gestión financiera.
  • El desarrollo de mecanismos de alerta temprana vinculados a indicadores de liquidez y endeudamiento de corto plazo.
  • La generación de incentivos para el financiamiento de largo plazo, especialmente en pequeñas y medianas empresas (por ejemplo, tributarios y financieros).
  • Que el contraer financiamiento de corto plazo ya de por sí constituya una alerta para el deudor, y también para quién otorga el préstamo, y, en tal sentido, sea la propia entidad financiera la que establezca filtros para acceder a este financiamiento e informe al deudor sobre los riesgos asociados.

Estas medidas permitirían transitar hacia un modelo de Derecho de Insolvencias orientado no solo a resolver crisis, sino también a prevenirlas.

  1. Conclusión

La insolvencia empresarial en el Perú no puede ser entendida únicamente como una consecuencia de la falta de rentabilidad o la caída en las ventas. Por el contrario, en muchos casos responde a problemas estructurales en la forma en que las empresas financian sus operaciones y su crecimiento.

El uso excesivo de financiamiento de corto plazo, particularmente en contextos de expansión empresarial, genera un descalce financiero que incrementa significativamente el riesgo de crisis de liquidez y, en última instancia, de insolvencia.

En este contexto, resulta necesario replantear el enfoque del Derecho de Insolvencias peruano, incorporando una dimensión preventiva que permita identificar y corregir estos desequilibrios antes de que se materialicen en situaciones de crisis irreversible.

En definitiva, no es el crecimiento lo que conduce a la quiebra empresarial, sino la incapacidad de financiarlo adecuadamente.

 

 

[1] Las afirmaciones de Eduardo Torres Llosa fueron obtenidas de la cuenta “Gurú Motivación Podcast” en la plataforma de “TikTok”, en un video titulado “Por qué quiebran las empresas en el Perú” publicado el 02 de noviembre de 2025.

 

En definitiva, no es el crecimiento lo que conduce a la quiebra empresarial, sino la incapacidad de financiarlo adecuadamente.

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